Una balanza antigua, con pesos, con un lado que pesa un poquito más que el otro.

Lo que puede inclinar la balanza en el debate sobre la homosexualidad

He dedi­cado varios posts a expli­car las dudas y difi­cul­ta­des que hay con todos los pasa­jes bíbli­cos que típi­ca­mente se uti­li­zan para cri­ti­car o con­de­nar la homo­sexua­li­dad [1]. Des­cu­brí, por sor­presa mía, que puede ser muy jus­ti­fi­cado enten­der­los como no apli­cables a pare­jas gays de hoy día, y asu­mir una pos­tura «afir­ma­dora» (pro­gay). Pero, evi­den­te­mente, razo­nes para con­ti­nuar en una línea «tra­di­cio­nal» tam­bién las hay. ¿Cómo deci­dirlo, pues? Hay unas con­si­de­ra­cio­nes gene­rales, sobre cómo debe­ría­mos leer la Biblia y qué debe­ría­mos prio­ri­zar, que pue­den muy bien incli­nar la balanza. Eso es lo que quiero com­par­tir hoy.

Tengo muy claro que debe­mos recha­zar un «La Biblia dice…» sim­plista. La Biblia dice muchas cosas, algu­nas de ellas con­tra­dic­to­rias [2], e incons­cien­te­mente pode­mos ser muy selec­ti­vos en cómo la lee­mos. A veces, cuanto más la lee­mos, más dudas tene­mos (es mi caso, al menos con cier­tas cues­tio­nes). Cono­ce­mos sólo en parte, dice el após­tol Pablo (1 Corin­tios 13:12‑13). Y más vale reco­no­cerlo.

Una chica que lee la Biblia con cara de extrañeza.

Imagen creada con ChatGPT.

Tampoco es cues­tión sim­ple­mente de sope­sar lo que dice un pasaje con lo que dice otro. Eso ayuda, no digo que no, con cier­tos temas socia­les: el papel de la mujer, el divor­cio,… Pero a menudo queda corto, sobre todo en temá­ti­cas para las cua­les el mate­rial bíblico es escaso, o poco inte­li­gible desde nues­tra pers­pec­tiva moderna.

Y entonces, ¿qué?

¿Sabes que no hay nin­gún ver­sículo en la Biblia que con­dene la escla­vi­tud? Ni uno. Al con­tra­rio, todas las refe­ren­cias, tanto en el Anti­guo como en el Nuevo Tes­ta­mento, dan por hecho su exis­ten­cia. Y algu­nos ver­sícu­los, par­ti­cu­lar­mente en el Nuevo Tes­ta­mento, pare­cen apo­yarlo, al pedir a los escla­vos cris­tia­nos que sean obe­dien­tes a sus amos (Colo­sen­ses 3:22, Efe­sios 6:5‑6, Tito 2:9‑10).

Pero poco a poco, en la Ingla­terra de prin­ci­pios del siglo XIX, un número cre­ciente de cris­tia­nos, lide­ra­dos por William Wilber­force, empe­za­ron a ver las cosas de otra manera. Enten­die­ron que la escla­vi­tud era intrín­se­ca­mente cruel, que era con­tra­ria a la volun­tad de Dios e incom­pa­tible con el men­saje del evan­gelio.

Estatua de una persona negra atada con una cadena en el cuello.

Foto por Polly Sadler en Unsplash.

Costó mucho. Pero haciendo énfa­sis en gran­des prin­ci­pios bíbli­cos, orando y haciendo cam­paña, con­ven­cie­ron a la socie­dad y logra­ron la abo­li­ción de la escla­vi­tud en todo el terri­to­rio con­tro­lado por el impe­rio bri­tá­nico. Más tarde los mis­mos argu­men­tos con­tri­bu­ye­ron a la eman­ci­pa­ción de los escla­vos en Esta­dos Unidos.

Lo más irónico —y grave— es que a ambos lados del Atlán­tico los abo­li­cio­nis­tas tuvie­ron que luchar contra una opo­si­ción feroz de cris­tia­nos pro­mi­nen­tes, que cita­ban ver­sícu­los de la Biblia para inten­tar man­te­ner el statu quo (y seguir pose­yendo o tra­fi­cando con esclavos).

Resulta que los argu­men­tos de aque­llos que rehu­sa­ban ir más allá, con lo que la Biblia podía decir sobre la escla­vi­tud, tie­nen mucha simi­li­tud con los razo­na­mien­tos de aque­llos que, hoy en día, se nie­gan a replan­tear lo que la Biblia dice sobre homo­sexua­li­dad. ¡Descu­brir esto fue muy reve­lador para mí! Lo ha sido tam­bién para muchos otros cris­tia­nos que han acabado cam­biando de pos­tura res­pecto a la homo­sexua­lidad.

El autor Chris Nash llamando la atención con el dedo levantado.

Foto por Kelly Nash.     

Pero hay más, como ahora explicaré.

Tenemos, en la igle­sia evan­gé­lica, una ten­den­cia a la «biblio­la­tría». Eso sig­ni­fica vene­rar y dar más impor­tan­cia a la Biblia, como pala­bra de Dios, que al pro­pio Señor Jesús, el logos divino, el Verbo hecho carne, la Pala­bra con mayús­cula (Juan 1:1,14[3].

Si tenemos a Jesús como reve­la­ción suprema de Dios (Hebreos 1:1‑4) y que­re­mos ser ver­da­de­ros segui­do­res suyos, debe­mos poner en valor, y emu­lar, su acti­tud hacia las per­so­nas mar­gi­na­das, vul­ne­ra­bles, des­pre­cia­das. Y recor­dar tam­bién que muchos de los pri­me­ros serán últi­mos, y vice­versa (Mateo 19:30).

Pero Jesús dijo aún más cosas que pue­den ser muy cla­ri­fi­ca­do­ras para el debate sobre la homo­sexua­li­dad. Las comen­ta­re­mos en los siguien­tes apar­tados.

¿Cómo debe­mos valo­rar las pro­cla­mas de unos y otros en el debate sobre la homo­sexua­li­dad? ¿Quién nos dice la ver­dad? Por sus fru­tos los cono­ce­réis, dice Jesús (Mateo 7:15‑20 y Lucas 6:43‑45).

¿Cómo hay que enten­der, pues, las reac­cio­nes pri­ma­rias de des­pre­cio y rechazo que cier­tos sec­to­res de la igle­sia han mani­fes­tado, y en algu­nos luga­res siguen mani­fes­tando [4], hacia los colec­ti­vos LGTBI+? ¿Qué fruto del Espí­ritu es este (Gála­tas 5:22‑23)? Algo falla estre­pi­to­sa­mente.

Y es fuerte lo que dijo Jesús sobre aque­llos líde­res reli­gio­sos que pro­du­cen este fruto malo: son fal­sos pro­fe­tas, lobos dis­fra­za­dos como ove­jas (Mateo 7:15).

Lobos feroces disfrazados como ovejas.

Imagen creada con ChatGPT.

Jesús también dijo muy clara­mente a sus dis­cí­pu­los que no les podía expli­car todo, y que el Espí­ritu Santo ten­dría que guiar­los (Juan 16:12‑15).

No descarto, para nada, que el Espí­ritu nos pueda hablar de forma muy directa, podría­mos decir «mila­grosa», como a veces nos expli­can nues­tros her­ma­nos más caris­má­ti­cos o pen­te­cos­ta­les. De hecho, he leído de algu­nos cris­tia­nos que han tenido momen­tos espe­cia­les de «reve­la­ción» que les han con­fir­mado en el cam­bio de opi­nión res­pecto a la homo­sexua­li­dad que esta­ban con­tem­plando. No de golpe, sino como res­puesta de Dios des­pués de un largo tiempo de ora­ción y bús­queda de su volun­tad [5].

Pero entiendo que el Espíritu tam­bién nos guía sim­ple­mente dán­do­nos sen­si­bi­li­dad, inquie­tu­des, dis­cer­ni­miento, sabi­du­ría… y humil­dad para admi­tir que no tene­mos todas las res­pues­tas. Como lo expresó el após­tol Pablo: todo es obra del mismo Espí­ritu (1 Corin­tios 12:6,11).

Con mi apertura a una pos­tura cris­tiana afir­ma­dora de la homo­sexua­li­dad, ya me han cri­ti­cado diciendo que soy piedra de tro­piezo (Mateo 18:6‑8). Y el autor cris­tiano Sam All­berry sugiere que aque­llos que aprue­ban las rela­cio­nes homo­sexua­les son como Jeza­bel (Apo­ca­lip­sis 2:20), que inci­taba a los cre­yen­tes de Tiatira a entre­garse a la inmo­ra­li­dad sexual [6]. ¿Me debe­ría pre­ocu­par, eso? Quizá sí.

Autor cristiano Chris Nash en actitud pensativa.

Foto por Kelly Nash.     

Pero actual­mente veo mucho más impor­tante el no ser como los fari­seos. Es decir, no usar las Escri­tu­ras como ellos lo hacían, para juz­gar y con­de­nar; no hablar desde una supuesta supe­rio­ri­dad moral. Aquí, para mí, es donde hay el ver­da­dero peligro.

Si quieres igno­rar las dudas y difi­cul­ta­des que tie­nen los pasa­jes bíbli­cos que hab­lan más direc­ta­mente al tema de la homo­sexua­li­dad, y con­ti­nuar en una pos­tura cris­tiana tra­di­cio­nal, lo puedes hacer de forma más o menos cohe­rente.

Pero si das valor a todos estos otros argu­men­tos que he expuesto, que tam­bién son ver­da­des bíbli­cas, la mayo­ría pro­nun­cia­das direc­ta­mente por Jesús, qui­zás resulte más difí­cil. Quizá sean sufi­cientes para incli­nar la balanza hacia una nueva manera de leer y apli­car la Biblia a temas socia­les, entre ellos, la homo­sexua­lidad.

Una balanza antigua, con pesos, con un lado que pesa un poquito más que el otro.

Imagen creada con ChatGPT.

¿Cómo lo ves?

Pequeño logotipo del autor, Chris Nash

Notas

[1] Ver, por ejemplo, mi post «Qué dice la Biblia sobre la homo­sexua­li­dad y cómo inter­pre­tarlo», que ofrece un buen resumen.

[2] Un caso para­dig­má­tico lo tene­mos en los dos pro­ver­bios jun­tos que dicen exac­ta­mente lo opuesto (Pro­ver­bios 26:4‑5). Otro sería cuando Jesús dice cosas apa­ren­te­mente con­tra­dic­to­rias sobre cómo dis­cer­nir quién puede estar a favor de él y quién no (Mateo 12:30 y Mar­cos 9:40). Tam­bién el após­tol Pablo, en la carta a los Gála­tas, parece que se con­tra­dice: por un lado debe­mos ayu­dar­nos con las car­gas (Gála­tas 6:2) y por otro, cada uno debe lle­var la suya (Gála­tas 6:5).

[3] Casi todas las tra­duc­cio­nes de la Biblia al espa­ñol optan por tra­du­cir el logos de Juan 1:1,14 o bien por «Verbo» o bien por «Palabra». Es así, no sola­mente en biblias pro­tes­tan­tes o evan­gé­li­cas, donde las popu­lares RVR, NVI y LBLA/NBLA optan por «Verbo», pero muchas otras por «Pala­bra» (ver este aná­li­sis hecho con Bible­Gate­way). Tam­bién, entre las biblias cató­li­cas que he con­sul­tado, hay una mezcla de «Verbo», usado por las de la UdN y la CEE, entre otras, y «Pala­bra», a la que han optado la BdJ y la CdB, entre otras. Esta lista de Biblia­Todo incluye un buen número de biblias cató­licas.

[4] No tanto quizás en Europa, pero sí, de forma nota­ble, en la igle­sia en varios paí­ses afri­ca­nos y en los sec­to­res más fun­da­men­ta­lis­tas de Esta­dos Uni­dos, por ejemplo.

[5] Le pasó, por ejem­plo, al (enton­ces) pas­tor de La Viña Ken Wilson. Lo explica en el capí­tulo 7 de su libro: Wilson, Ken (con Gushee, David P., Tickle, Phyllis, & Luhr­mann, Tanya), Letter to My Con­gre­ga­tion (Second Edi­tion) – An Evan­gel­i­cal Pas­tor’s Path to Embrac­ing Peo­ple Who Are Gay, Les­bian, Bi­sexual, and Trans­gen­der into the Com­pany of Jesus, Read the Spirit Books (David Crumm Media) / Front Edge Pub­lish­ing, 2016. Tam­bién le suce­dió a la can­tante cris­tiana Vicky Beech­ing. Lo explica en el capí­tulo 20 de su libro: Beech­ing, Vicky, Un­divided – Coming out, becom­ing whole and liv­ing free from shame, William Collins (Harper Collins), Londres, 2018.

[6] Ver: Allberry, Sam, Is God Anti-Gay? – And Other Ques­tions about Homo­sexual­ity, the Bible and Same-Sex Attrac­tion (a veces se iden­ti­fica así: Is God Anti-Gay? – Ques­tions Chris­tians Ask), The Good Book Com­pany, 2013, USA (y otros paí­ses). Se ha publi­cado tam­bién en cas­te­llano: ¿Está Dios en con­tra de los gays? – Y otras pre­gun­tas sobre homo­sexua­li­dad, la Biblia y atrac­ción hacia per­so­nas del mismo sexo (Pre­gun­tas Que Hacen Los Cris­tia­nos), Edi­to­rial Por­ta­voz, 2019. El comen­ta­rio sobre Jeza­bel está hacia el final del capí­tulo 4, sobre la homo­sexua­li­dad y la igle­sia, en el apar­tado «Can’t Chris­tians just agree to dif­fer on this?» (puede tra­du­cirse: «¿No pue­den los cris­tia­nos sim­ple­mente acep­tar tener opi­nio­nes diver­gen­tes sobre este tema?»).

   


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